lunes, 19 de junio de 2017

¿Y si enseñamos a las niñas a ser valientes, en vez de ser perfectas?

Las niñas que hoy ocupan parques y pupitres son las mujeres del mañana. 
Pero antes son las niñas de hoy y nada justifica que nos queramos comer a bocados su infancia para que en el futuro sean mujeres perfectas. Preparadas para ser madres, preparadas para llevar una casa, preparadas para moverse por el mundo, preparadas para ser las mejores en su profesión, preparadas para gestionar sus emociones, preparadas para masticar la frustración y no atragantarse… Si a ti te duele la cabeza de tanto “prepararlas”, imagínate a ellas.


Por: Sergio De Dios González

La infancia no es la lanzadera de las mujeres perfectas. Por supuesto que no hay padre que no quiere desee sus hijos tengan el mejor futuro. Para eso se dejan la piel en el trabajo todos los días, para eso buscan al mejor profesor y hacen un esfuerzo por multiplicar las horas del día.
El otro día leía un artículo que decía que les preguntábamos demasiado a los niños y quizás sea verdad, lo que me ha enseñado la experiencia es que les escuchamos demasiado poco. Que tienen millones de redes sociales en las que expresarse, pero pocas espacios familiares en los que hacerlo.
Que nadie me entienda mal, no se trata de que ellas decidan, pero sí de que contemos con lo que ellas quieren ahora, incluso con lo que le gustaría en un futuro si nos agenciamos el poder de tomar decisiones por ellas: si asumimos ese derecho y esa obligación, no podemos obviar la responsabilidad que adquirimos con ellas. No se trata de consentir, sino de integrar y de ayudarles a que ellas descubran por sí mismas dónde quieren llegar. Hablo de algo que no tienen nada que ver con que los padres sean más o menos estrictos.

Si les queremos enseñar algo, enseñemoslas que la perfección no existe. Que a lo largo de su vida van a tener que enfrentarse a miedos, y que las valientes no son las que no los tienen, sino quienes los dejan a un lado y los superan. Las que lo hacen una y otra vez mientras observan, de reojo, como esos miedos se hacen pequeños.

Las mujeres perfectas no existen, pero sí las mujeres valientes

Enseñémoslas que la perfección no existe, pero que los miedos se multiplican cuando avanzamos: en la casilla de salida suele haber mucho menos que perder que en las casillas intermedias. Contémoslas que hay victorias que tienen precios que no merecen la pena pagar, porque no merece la pena ser el más popular si por serlo el precio es el acoso, la burla o le insulto.
Mostrarles que antes de asumir cualquier opinión como propia es mejor someterla a juicio. Hagámonos aunque esto suponga que lo hagan con nuestras opiniones y tengamos que dedicar tiempo a exponerlas. No les mostremos que la vulnerabilidad nos hace débiles, porque las corazas con las personas que queremos solo nos alejan de ellas.

Enseñémoslas que ellas tiene un gran poder. El de romper con una pareja al primer indicio de maltrato, el de derribar una puerta e intervenir si sienten que alguien está en peligro, el de decir no cuando reciben una invitación de la que sospechan. Enseñémoslas que la libertad no implica anarquía y que quienes la temen no lo hacen por nuestro bien, por mucho que se hagan acompañar de muchas voces con pancartas y letras escritas a rotulador.
Enseñémoslas que si juntan su poder con la valentía se convertirán en personas que merecerán la pena, y que mientras se convierten en esa persona serán precisamente una persona que merezca la pena. Porque el mientras cuenta, cuenta tanto que si te paras a pensarlo, todo ocurre mientras morimos, mientras vivimos…y en ese mientras rico en perspectivas sucede una cosa y es que la felicidad tiene una extraña simpatía por las personas que merecen la pena.

martes, 28 de marzo de 2017

Mi liberacion como hombre atada a la tuya como mujer.

Crecí en Ciudad Juárez, en uno de los barrios más duros de aquella época, “La Chaveña”. Mi padre era luchador profesional, con una personalidad típica de marcada hiper masculinidad. Crecí entre niños rudos, a los que se nos enseñó que los hombres tenían que ser duros, ser fuertes, valientes y dominadores. Que no sienten dolor, mucho menos emociones, con una sola excepción; la ira, pero más allá de esto y sobre todo; que no tienen miedo. Nos enseñaron que los hombres mandan y las mujeres no. Que los hombres guían, y las mujeres siguen. Que los hombres son superiores y las mujeres inferiores. Que el hombre es fuerte, mientras que la mujer es débil. Que ellas valen menos que nosotros, que son propiedad nuestra, que nos pertenecen y finalmente que son objetos al servicio del hombre, sobre todo, objetos sexuales

Más tarde me enteré que eso era la socialización colectiva de los hombres más conocida como "kit de masculinidad". Este kit contiene todos los ingredientes de lo que definimos que es ser hombre. También quiero decir que, sin lugar a dudas, hay algo maravilloso, absolutamente maravilloso, en ser hombres. Pero al mismo tiempo hay algunas cosas que se han salido de control. Y realmente tenemos que empezar, a ver eso y realmente llegar a deconstruir, y a redefinir, nuestra idea de masculinidad.


Hubo una época en mi vida en la que tuvimos una experiencia familiar traumática. Mi hermano, Octavio, murió trágicamente cuando tenía tres meses de edad, solo seis meses antes mi abuela materna habia muerto, no hace falta decir que mi madre estaba destrozada. Cuando volvimos a casa despues del funeral, mi madre, mis primas y mis tías, se quedaron en la cocina. Mi padre aprovecho para escabullirse a la recamara; yo lo segui y lo encontre sentado en la cama con la cara entre sus manos. Tan pronto como se dio cuenta que yo estaba ahi, me abrazó y empezó a llorar. No quería llorar delante de mí. Pero sabía que no lo iba a hacer en el camino de regreso y era mejor que lo viera yo que permitirse expresar estos sentimientos y emociones delante de las mujeres. Y este era un hombre que hacía diez minutos había enterrado a su hijo bebé; algo que yo ni siquiera puedo imaginar. Lo que más se me quedó fueron sus disculpas por llorar delante de mí, al mismo tiempo que me felicitaba, me alababa, por no llorar.


Ahora llego a ver esto como ese miedo que tenemos los hombres, ese temor que nos paraliza, que nos hace rehenes de este kit masculino. Recuerdo haber hablado con un niño de doce años, jugador de fútbol,y le pregunté,  "¿Cómo te sentirías si... delante del equipo... el entrenador te dijera que jugaste como una niña?" Yo esperaba que me dijera algo como que estaría triste, furioso, enojado o algo así. Pero No, el niño me dijo: "Me destruiría". Yo no pude mas que pensar: "Dios, si lo destruiría que lo llamen niña, ¿qué le estamos enseñando a nuestros hijos sobre las niñas?"


Visto colectivamente, como hombres, se nos enseña a menospreciar a las mujeres, a verlas como propiedad y objeto de los hombres. Es como una ecuación que equivale a la violencia contra la mujer. Como hombres, buenos hombres, la gran mayoría, operamos en base a esta socialización colectiva. Aunque lo neguemos, somos una parte muy importante de eso. Como ven, tenemos que llegar a entender que el menosprecio, la propiedad y la cosificación son la base y la violencia no puede ocurrir sin eso. Por eso los hombres somos gran parte de la solución así como del problema. La violencia masculina contra las mujeres ya es epidémica; es el problema de salud principal de las mujeres y la causa numero uno de la muerte prematura en ellas.


Hoy veo a mis hijas y El mundo que imagino para ellas: ¿Cómo me gustaría que actúen y se comporten los hombres? 


Hombre y Mujer, Madre y Padre:Te necesitamos a bordo. Te necesitamos con nosotros. Necesitamos que trabajes con nosotros  y nosotros contigo en la manera de criar a los hijos y de enseñarles a ser hombres. Enseñarles que está bien no ser dominantes, que está bien tener sentimientos y emociones, que está bien promover la igualdad, que está bien tener mujeres amigas sin intenciones sexuales, que está bien ser íntegro, enseñarles que mi liberación como hombre está ligada a tu liberación como mujer.


Hoy te pregunto ¿Qué sería la vida para nuestros hijos varones si no tuviesen que adherirse a esta norma de masculinidad, a este kit, a esta "Caja macha"? la respuesta es simple... SERÏAN LIBRES